sábado, 8 de agosto de 2015

Lili



Parte I


A la edad de cinco años Lili jugaba con su “medio” tío, Jota, asi era como solían decirle los otros, el “medio” hermano, hijo del abuelo de Lili y del compromiso posterior a la muerte de la abuela, la cual nunca llegó a conocer. 
Disfrutaban correr por el patio trasero de la casa de su abuelo, para Lili aquella era un enorme castillo, percepción habitual que se pierde de adulto.

Como la mayoría de casas costeñas de antaño, esta era de dos pisos, mixta, de hormigón la parte baja y de madera la parte alta, el patio era bastante desordenado. Lili amaba caminar entre los olores de las grosellas, chirimoyas, ovos, guayabas, cerezas, maracuyá y almendras.

El césped no podado, hacía para Lili y Jota más divertido el patio trasero, donde se echaban a buscar elefantes o jirafas en las nubes. Lili cada vez que podía andaba sin blusa, le permitía mayor movilidad y menos calor, siempre protestaba cuando sus tías, adolescentes, le recriminaban el hecho de que corriera por la casa solo en shorts o a veces en panty -las mujeres no son iguales que los hombres- era la frase que interminablemente le repetían desde que el sol aparecía hasta que volvía a desaparecer.  Cuando Lili odia a Jota era porque la envidia la invadía.

El papa de Jota, abuelo de Lili, construyó un enorme carro de madera para Jota en su séptimo cumpleaños, no permitía que Lili lo tocara, Jota aprovechaba cuando el abuelo no estaba para jugar en el patio con ella, Jota arrastraba el Carro de un cabo que amarraba entre los pedazos de madera que estaban cerca de las llantas, mientras el pequeño cuerpo de Lili se acomodaba perfectamente en el cajón de madera y ella mirando hacia el cielo con sus enormes ojos negros gritaba: Mas rápido, más rápido, luego, Lili pedía cargar a Jota. El Carro llevaba el nombre de Vera Cruz, nombre del recinto de dónde provenía el Abuelo. 

Cuando Jota, que tenía exactamente la misma edad que Lili, cometía una falta contra ella, el abuelo le pegaba a Lili con una varita de madera que guardaba como arma castigadora, dándole tres golpes entre las nalgas y las piernas y argumentaba que ella era la culpable de provocar a Jota, y cuando Lili cometía una falta contra Jota el abuelo le volvía a pegar y la encerraba en su cuarto porque no respetaba a su Tío.

Un día Lili encontró a su madre, a quien no había visto hace aproximadamente un año, llorando y armando el equipaje, su abuelo gritaba y la mama de Jota alentaba al abuelo a seguir gritando. Para Lili correr por el patio, buscar animales en las nubes, desayunar Plátano verde con una taza de café pasado traído de las fincas del abuelo desde Vera Cruz, leer bajo el almendro, armar pequeños cuadernillos donde llevaba notitas, andar en panty y sobretodo jugar con Jota se convirtió en un recuerdo que lentamente perdía forma.


Parte II

Heráclito, el único tío “completo” de Lili, cuando salió del servicio militar se mudó a la casa en la que hacía tiempo ya, Lili, su hermana Lissette y su madre habitaban. Su madre se comprometió con un francés, muchos años mayor, alegre y con todas las ganas de vivir como todo europeo retirado que disfrutaba de las playas sudamericanas.

La madre de Lili insistía en que Lili aprendiera a servir, comportarse, mantener la espalda erguida, no hablar durante las comidas, no correr, gritar y mucho menos entre las dos y cinco de la tarde, tiempo destinado para la siesta del francés, por lo tanto debía existir absoluto silencio y para aprovechar  ese espacio de tiempo insistía en que debía despertar interés por la cocinar, lavar sus prendas, utilizar los cubiertos, pero lo más importante era que se mantuviera vestida, en especial vestida para cada ocasión.

El francés en ningún tiempo estuvo al tanto de las reglas que la madre de Lili imponía mientras él tomaba la siesta, con mucha frecuencia le preguntaba a Lili el por qué a diferencia de Lissette, ella era poco comunicativa y espontánea. Intentaba formar a toda costa vínculos afectivos con ella, le decía todo el tiempo lo inteligente y prudente que era, cuando se acercaba a darle Limonada le agradecía diciendo: Merci, ma petite belle, vous me faites trés heureux.

Para la madre de Lili, su tío y Andree, el francés, eran los hombres que trabajan duro. Habían formado una pequeña compañía que brindaba servicios de transporte de agua potable, en la cual ella se encargaba de la parte contable. El lugar en ese entonces tenía déficit de agua y la industrialización de los mariscos, en especial el atún se expandía velozmente, por lo que el negocio de trasportar agua incluso no del todo potable era bastante sensato.  

El pueblo, que al principio era un pequeño puerto comenzó a dar paso al comercio, al turismo, modelos arquitectónicos, espacios de arte, Educación y salud. Una gran parte de este crecimiento se debía al lavado de dinero. Las instituciones educativas de nivel básico y bachillerato en su mayoría eran privadas, muy selectivas con la población estudiantil que recibían, pues Los extranjeros empezaban a poblar lugares estratégicos, de preferencia cerca del mar y eran quienes dirigian o eran dueños de estas instituciones y empresas comerciales. Lili ingresó a uno de esos colegios que quedaban cerca del mar, asistía a misa los viernes por la mañana a las 7:00 am como parte de su  rutina académica y los domingos a las 8:00 am, si su madre no podía asistir, era Heráclito quien la llevaba. Si la madre no iba a misa en la mañana, lo hacía por la tarde de los domingos y Lili tenía que, de manera indiscutible acompañarla, para Lili el anuncio de darse  “La paz” durante el ritual católico, era motivo de alegría, sabía que era cuestión de minutos para que acabara este.

Lili olvidó por completo el olor del café de Vera Cruz, ahora tomaba Malongo Blue Mountain cuando llegaban las visitas. Su madre mandaba a coser la ropa de todos donde una señora que conocía hace mucho y empezaba su negocio que luego se convirtió en una casa de modas muy recurrida en el puerto.


Parte III

Lili tuvo su fiesta de 15 años, fiesta que nunca quiso, intentó sabotearla de muchas formas pero en su protesta lo único que logró fue no utilizar un vestido rosado.

Una mañana la mama de Lili desesperada, después de haberla buscado por toda la casa, subió a la última terraza y encontró a Lili  llena de sangre, sus signos vitales completamente debilitados, casi inconsciente, se había cortado las venas en la madrugada mientras todos dormían. Andree inmediatamente llamó una ambulancia, mientras su madre no paraba de gritarle estrujándola y preguntando ¿Por Qué lo hiciste?

Asitió a varias sesiones psicológicas en las que sus respuestas monosilabas no variaban entre el si o el no.

Una tarde observaba a través de la ventana del consultorio de la psicóloga que estaba ubicado en un edificio con vista al mar, miro detenidamente y encontró dos niños jugando, uno empujaba por la parte trasera un coche metalico y el otro lo conducía, miró hacia el cielo, distinguió un dragón entre las nubes, era su favorito, fue ese preciso momento en el que  finalmente lloró, a penas si podía respirar y mantenerse en pie y dijo que lamentaba de manera profunda no haber cortado sus venas adecuadamente, se odiaba tanto por ello, incluso ya no era capaz de producir sentimiento alguno por las felaciones constante que su tío Heráclito realizaba con ella como práctica casi diría, las cuales eran más prolongadas los domingos que la llevaba a  misa, dijo también, que desde que era capaz de reproducir recuerdos,  si no era su Tío Heráclito, era su abuelo a quien recordaba Ubicando su pequeño cuerpo desnudo sobre estos, previamente su tío o su abuelo ordenaba comprar galletitas, helados o cualquier golosina a sus tías o a Jota si es que se encontraban alguno de ellos en la casa para que en esta solo quedaran ellos, y así fue casi siempre excepto el día que su madre llegó sin avisar y entró a la habitación.


Parte IV

Lili a paso lento salió del consultorio, bajo por el asensor, salió del edifico, cruzó la plaza central hasta llegar al otro lado de la avenida y se sentó en un banco de cemento ubicado casi a orillas del mar. 






sábado, 11 de julio de 2015

Solo soy una zombie mas.





La buseta me recoge entre las 4:30 y 5:00 pm, casi todos los días. 
Un poco antes de esa hora, si no hay que hacer, aunque siempre hay que hacer papeleo,  me cambio de consultorio porque el mío es caluroso, mucho más entre esas horas. Lucía la dueña del consultorio que invado habla todo el tiempo, muy pocas veces la escucho, solo asiento mientras escribo y le sonrío, es muy dulce y yo disfruto mucho de esa postura maternal que tiene conmigo.
La conductora hoy ha venido a recogernos con su "hermana" Lili, pocas veces andan juntas, mientras conversan, Yolanda (la conductora) le agarra un par de chorros (como les llama Lucía) o churos que le quedan sueltos en la cabellera afro de Lili y es así como empieza la comunicación analógica que casi siempre observo con mucho morbo, me resulta bastante divertido como ambas miran constantemente por el retrovisor para asegurarse de que ninguno de los pasajeros las “pillen” en su intercambio de amor, me distraigo con eso hasta que tomamos la carretera principal. 

El asiento que queda en la última fila del lado del volante es mi favorito y hoy no ha sido ocupado, a esa hora la caída del sol sobre el horizonte y el mar haciendo conjunto perfecto me enamora, no me canso de mirarlo, siempre me viene ese deseo de un cigarro que en ese momento es inalcanzable, hoy ese deseo es más intenso, mi día estuvo difícil, entonces empiezo a fantasear, algo muy habitual en mí. La batería de mi celular no me juega una mala pasada y la música es el toque perfecto para estos 45 o 60 minutos de carretera. 
Hay ocasiones en las que está ocupado mi puesto (implícitamente establecido como mío) que suelen ser muy pocas, entonces solo me acomodo en el que venga y me echo a dormir.
Cuando llego a mi lugar de destino alrededor de las 6 pm en la esquina que va hacia el centro del pueblo suele estar sentado un Clochard, cada vez que me bajo de la buseta siento su mirada hurgándome, buscando mi inconformidad, él sabe que me agarro de lo que sea para no dejarme asfixiar. Si logro no corresponder a su mirada empieza a chiflar, de cualquier forma termino mirándolo a los ojos y el espera cautelosamente ese preciso momento para desatar sus carcajadas, suele  apuntarme con su dedo índice, sucio y descuidado y se ríe a mas no poder, hay ocasiones en las que se agarra hasta la barriga, como sosteniéndose los intestinos para que estos no salgan disparados por la fuerza con la que se ríe. 

Me tomo poco tiempo comprender que todo aquello no es personal, se burla de la rutina, la que ve en mis ojos, por eso los busca en cuanto me ve, además, estoy convencida de que siente mucha satisfacción cuando mi respuesta hacia él es un sentimiento de envidia, le envidio toda su libertad. 

He notado que ultimamente ha dejado de carcajearse, sabe que yo ya se lo que piensa. Ayer cuando llegué fui yo quien tuvo que ir en su búsqueda, él estaba concentrado leyendo el periódico o tal vez estaba evitándome, en cuanto me vio sus ojos se mostraron perdidos y solo dijo un par de palabras sin sentido, preferí dejarlo en paz y seguí caminando. 

Hoy no me evito, en cuanto me vio me sonrió y yo le correspondí, fue ahí en ese punto de lenguaje puro y sincero que ese instante se  convirtió para mí en otro pequeño motivo, de los tantos que busco para no dejarme morir como un zombie más.

jueves, 9 de julio de 2015

Para vos.

Carta para un humano cualquiera:

Quisiera decirte tantas cosas, decir por ejemplo que te pienso, y que dentro de mis fantasías vos y yo somos dos tonos vocalizados en contralto, armónicos, en magnifica sinfonía que van  al compás del deseo, a veces andas desafinado, pero eso podría ser lo que más me guste de vos.
En otras ocasiones somos lluvia y juntos descendemos, resbalamos, danzamos, somos impregnados en bocas, manos, aceras, mares, lugares y situaciones hasta innombrables  y entonces  nos desleímos, nos evaporamos y nos volvemos a reconstruir repitiendo el ciclo de manera intermitente, jugando a encontrarnos, como cuando uno quiere alcanzar el cielo en la rayuela saltando las casillas en un solo pie.
Mientras escribo suena esa canción de Jobim que me pone los pelos de punta, esa que vos sabes y entonces pido redención por lo escrito arriba, lo que quiero decirte es esto que siento, lo más profundo, dejando de lado la cursilería poética que escribo, yo siempre he sido la caperucita, eso lo digo honestamente,  el rojo siempre me ha sentado mejor, en mi cuento la caperucita es quien termina matando al lobo, y no es por defenderse, es por el puro placer de destruirlo, y quiero decirte también,  que eso es lo que más me seduce. En esta cacería quisiera demostrarte mi amor de esa manera, pudiendo engullirte  en todo los sentidos.
Luego me lo pienso y me doy cuenta de lo imprudente y expuesta que me pongo cuando estoy frente a ti, aunque utilizar la palabra  “frente” no está del todo clara, siempre termino sincerándome con vos.
Hombre solitario, me permito que te acerques, que intentes comerme, pero debo advertirte que en mi es probable que ya no exista mucho que devorar. Rememoro las ocasiones en las que el lobo ha tenido ya nombre y entonces disfruto recordarlo.

Pero así puedo pasármela enumerando y arrastrando carretillas llenas de letras, enlazándolas para seguir plasmando esta carta, y lo único que puedo decirte a ti, lobo estepario que te escondes entre el vino y los cuadros más bonitos del expresionismo,  modernismo, futurismo o millón ismos más, te digo a ti, mi hermoso humano, intento de lobo, en esta cacería yo jamás saldré a buscarte,  yo  siempre  estaré aquí esperandote aunque eso vos ya lo sabes.